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Insultos debajo de un agradecimiento

Una hermandad ha decidido con qué música quiere que suene uno de sus pasos. La respuesta ha sido llamarla Judas debajo de una nota de agradecimiento.

Bajo el antifaz Uno desde la silla de un palco
5 de septiembre de 2026 · 3 min de lectura
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Este texto se publica con seudónimo: unas veces es el nombre con el que su autor ya firma en el sector, otras solo una forma de decir desde dónde escribe. Compás Cofrade responde de lo que publica: opinión libre y argumentada, siempre desde el respeto.

La Hermandad de la Trinidad publicó un mensaje para dar las gracias a Las Cigarreras por más de un cuarto de siglo detrás del Sagrado Decreto. Un mensaje de agradecimiento, ni más ni menos.

Debajo de ese mensaje, en las respuestas, se leyó «Judas», «mamarrachos», «inútiles», «sinvergüenzas».

No hace falta añadir nada al hecho. Se insultó a una hermandad debajo de una nota de gracias.

La banda que solo dijo que sí

Buena parte de los golpes le está cayendo a la Agrupación Musical Virgen de los Reyes, que es justamente la parte que menos ha decidido en todo esto. Le ofrecieron un trabajo y dijo que sí. Nadie conoce una formación en este mundo que haya rechazado un contrato por no incomodar a nadie.

Y conviene decir otra cosa, porque se está repitiendo lo contrario con demasiada ligereza: quien la describe como un paso atrás no la ha escuchado últimamente. Ha cambiado su estructura, ha trabajado y ha subido de nivel de una manera que se nota en la calle. Se puede preferir otro sonido, faltaría más. Lo que no se sostiene es despacharla como si fuera un descarte.

A Cigarreras no le hace falta esto

Y ahora la otra parte, que tampoco necesita defensores de oficio.

Las Cigarreras llevaban dos décadas sin perder un contrato. Ese dato no lo consigue una banda por suerte ni por marketing: lo consigue tocando. Su sitio en el panorama no lo discute nadie, y desde luego no lo discute una hermandad que ha querido despedirla dándole las gracias en público.

A una banda así se la defiende con su música, no con insultos debajo de un agradecimiento.

Quien creyó estar haciéndoles un favor estos días les ha hecho justo lo contrario.

Lo que decide una hermandad

Elegir la música que va detrás de sus pasos es de las pocas cosas que una hermandad decide sola, sin pedirle permiso a nadie de fuera. La suya, con su junta, sus hermanos y su cabildo.

Si acierta, lo disfrutará. Y si se equivoca, lo pagará en su casa: en su Sábado Santo, delante de los suyos y escuchándolo cada año. No hay castigo más eficaz que ese, ni hace falta ningún tribunal de urgencia.

El debate de fondo sí es legítimo, y merece tenerse con calma: qué pesa más a la hora de contratar, el sonido o el impacto; cuánto cuenta la historia compartida frente a un proyecto nuevo. Son preguntas buenas y este medio tiene ganas de hacérselas a quien decide.

Pero eso es un debate. Lo de estos días ha sido un juicio, con sentencia dictada antes de escuchar una sola nota.

La proporción

Conviene recordar de qué estamos hablando: de un contrato de música para un Sábado Santo que todavía queda lejos. De una decisión, tomada por gente que responde de ella ante los suyos.

Nadie se ha muerto.

Al final del año que viene sonará una banda distinta detrás de un misterio, unos saldrán encantados y otros echarán de menos lo de antes, que es exactamente lo que lleva pasando en esta ciudad desde que hay bandas y hay pasos.

Lo único que quedará feo de verdad, cuando pase el ruido, será haber llamado sinvergüenza a alguien por debajo de un mensaje que solo daba las gracias.

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