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Todo lo que suena en la Semana Santa
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Lo que sí cruzó el Estrecho

La ciudad suspendió sus fiestas patronales y estuvo a punto de quedarse también sin la procesión de su Patrona. Salió, con dispositivo especial. Y aquella tarde en Jáudenes sonaron dos marchas: una escrita en Sevilla hace cien años y otra que se estrenaba allí mismo.

Guillermo Pérez
Firma invitada Guillermo Pérez director de Compás Cofrade
31 de agosto de 2026 · Ceuta · 6 min de lectura

Sigue a Guillermo Pérez@willypg8

Esta sección está pensada para que la ocupe gente de fuera. Empieza dentro de casa por una razón sencilla: de lo que voy a contar aquí puedo hablar sin preguntarle a nadie.

Llevo catorce años en una banda de música y once de presidente, y he cruzado ese Estrecho más de una vez con los instrumentos detrás. A partir de la próxima, el sitio es de otros.

Una ciudad sin Feria

La Feria de Ceuta tenía que haber empezado el uno de agosto. No empezó. La ciudad la suspendió apelando a la prudencia y a la seguridad, en unos días en que allí no se hablaba de otra cosa.

Y detrás de esa decisión vino inmediatamente la pregunta que en Ceuta importa más que ninguna fiesta: ¿saldrá la Virgen?

Durante unos días no hubo respuesta. La hubo el tres de agosto, después de una reunión de coordinación en la Delegación del Gobierno donde se sentaron la Ciudad Autónoma, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, la Vicaría, el administrador apostólico de la diócesis y la Hermandad. Ofrenda floral el día cuatro, procesión el día cinco, dispositivo especial de seguridad.

La ciudad se quedaba sin Feria, pero no sin Patrona.

Los que cruzan

De todo lo que aquellos días no llegó a Ceuta, hay una cosa que sí llegó, y es la que a mí me interesa.

La Banda de Música Nuestra Señora de la Paz, de Málaga (@lapazmalaga), cruzó el Estrecho para acompañar a la Virgen de África. No era su primera vez. Había debutado el año anterior, entrando a última hora en el hueco que dejó la Ciudad de Bollullos, de Huelva, cuando comunicó que no podía ir. Pero una cosa es estrenarse en una fiesta y otra volver a una ciudad de la que todo el mundo está hablando por lo que no es la fiesta.

Una banda no viaja como viaja un pregonero. Viaja con cajas, con atriles, con fundas que no caben en ningún sitio, con un bombo que siempre estorba y con más de ochenta (en el caso de esta banda), personas que no son profesionales y que han pedido el día en el trabajo. Cruzar un mar con eso ya es una decisión de por sí. Cruzarlo cuando la ciudad de destino sale en todos los telediarios es otra cosa.

Nadie da publicidad a esa parte. No la dan nunca. La banda aparece detrás del paso como si hubiera estado siempre ahí.

Dos marchas y un mismo día

Entonces se abrió la puerta y sonó La Estrella Sublime.

Es una marcha de Manuel López Farfán, escrita en 1925 y dedicada a la Virgen de la Estrella de Triana. Nada tiene que ver con Ceuta. Nació a mil kilómetros de allí, en una ciudad que no ha tenido nunca la frontera que tiene Ceuta ni ha sabido lo que es que le suspendan la Feria.

Y sin embargo fue lo primero que oyó una ciudad entera que llevaba días conteniendo la respiración.

Eso es lo que hace el repertorio, y es lo que en este oficio se nos olvida por sabido: una marcha escrita para una Virgen concreta, en una esquina concreta, un año concreto, acaba sirviendo cien años después a gente que no ha pisado nunca la calle para la que se escribió. No hay muchos objetos culturales que hagan eso.

Pero aquella tarde en Jáudenes no sonó solo lo de fuera.

Señora

En esa misma calle, el Coro de Ceuta estrenó Señora, marcha procesional y salve dedicada a la Patrona, con letra y música de Francisco José Sánchez Navarro. La acompañó la Banda de la Paz de Málaga. Volvió a sonar después, ya dentro del templo, en la recogida.

Conviene detenerse en lo que eso significa, porque es lo contrario de una anécdota. Una ciudad a la que aquel verano le habían dicho que tocaba encogerse no se limitó a sacar a su Patrona: estrenó música nueva para ella. Y no la trajo de fuera. La escribió uno de los suyos.

Las crónicas de aquella tarde cuentan que hubo gente llorando sin disimulo mientras caían los pétalos. Eso puede sonar a exageración de crónica local, pero cualquiera que haya tocado detrás de un paso sabe cuándo una calle está así, y sabe también que eso no lo provoca la marcha: lo provoca lo que la calle traía dentro. La música solo le da permiso para salir.

Así que aquel cinco de agosto se juntaron las dos cosas que puede hacer este repertorio. Una marcha de hace cien años, escrita para otra Virgen y otra ciudad, sirviendo de consuelo a gente que no había nacido cuando se compuso. Y una obra nueva, escrita allí, para aquella Virgen y para aquel momento exacto.

Y las dos las tocó la misma banda, que había cruzado un mar para estar allí.

Lo que se aprende yendo

Lo que se aprende tocando en Ceuta no es musical.

Se aprende que una ciudad de dieciocho kilómetros cuadrados, con la frontera a la vuelta de la esquina y con menos hermandades que cualquier pueblo del Aljarafe, se toma sus procesiones con una intensidad que en Sevilla cuesta explicar. Que allí la Semana Santa no es un patrimonio abrumador que hay que administrar, sino algo mucho más frágil que hay que sostener cada año. Y que las bandas que van no son un servicio contratado: son visita.

Este año Ceuta no tuvo Feria. Tuvo, eso sí, ofrenda floral, procesión, una marcha estrenada por un coro de la casa, cantes en Jáudenes bajo una lluvia de pétalos y una banda malagueña que se metió en un barco.

No es poca cosa para una ciudad a la que le habían dicho que este año tocaba encogerse.

Una nota al pie

La Banda de la Paz de Málaga se presentó oficialmente en 1999, apadrinada por la de Miraflores y Gibraljaire. Es la misma banda en la que se crió Jaime Merodio (@jaime.merodio), clarinetista y director, que ha contado en este medio que fue allí donde una marcha le puso por primera vez el vello de punta.

Veintisiete años después, aquella banda madrina cruzó el Estrecho en forma de ahijada para tocarle a la Patrona de una ciudad en apuros.

Los que hemos estado en una banda sabemos que esas cosas no son casualidad. Son una red.

Y ya que esto va de bandas que cruzan, lo suyo sería que la próxima columna de esta sección la firmara alguien que iba dentro de aquel barco. Si alguno de la Paz de Málaga lee esto, esta casa tiene un sitio esperándole.

Guillermo Pérez es director de Compás Cofrade. Esta columna la firma la dirección del medio y expresa su criterio editorial.

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