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«Las marchas de toda la vida pueden terminar de nuevo en el cajón»

Terminó el superior de clarinete con dieciséis años y ha dedicado buena parte de su vida a investigar la obra de Germán Álvarez Beigbeder. Jaime Merodio responde por escrito a Compás Cofrade sobre el oficio de dirigir, sobre lo que las redes sociales han hecho con las bandas y sobre un repertorio clásico que teme que vuelva al cajón.

Por Guillermo Pérez · 1 de septiembre de 2026 · Jerez de la Frontera · 7 min de lectura

Sigue a Jaime Merodio Pernía@jaime.merodio

Jaime Merodio
Jaime Merodio Foto: Yuka García
Quién es

Jaime Merodio Pernía es clarinetista y director. Cursó toda la carrera en el Conservatorio Superior de Málaga, de la mano del catedrático José María Puyana, y terminó el grado superior de clarinete con dieciséis años. Actualmente forma parte de la Banda Municipal de Sevilla y compagina la enseñanza con la dirección de bandas de música y ensembles. Es uno de los investigadores que más ha profundizado en la vida y la obra del compositor jerezano Germán Álvarez Beigbeder, y dirige La Clarinetería, un coro de clarinetes puesto en marcha en 2026.

Hay una frase suya que resume la conversación entera: «unas veces se gana, y otras se aprende». La suelta casi de pasada, hablando de proyectos, y sirve igual para lo demás.

Jaime Merodio Pernía es clarinetista y director. Hizo toda la carrera en el Conservatorio Superior de Málaga, de la mano del catedrático José María Puyana, y terminó el grado superior de clarinete con dieciséis años. Actualmente trabaja en la Banda Municipal de Sevilla, y compagina la enseñanza con la dirección de bandas de música y ensembles.

Pero si su nombre suena en el mundo cofrade es por otra cosa: por los años que lleva metido en la vida y la obra de Germán Álvarez Beigbeder, el compositor jerezano que está en el origen de buena parte del repertorio que hoy se toca. Esa doble condición, la del músico que dirige y la del investigador que va al archivo, es la que hace que su manera de mirar la música procesional no sea la habitual.

Respondió por escrito a estas diez preguntas.

G.P.Para quien no te conozca, ¿cómo te presentarías tú mismo en dos líneas?

J.M.¿Me regaláis unas líneas más?

Soy Jaime Merodio, esposo de Ana, una mujer excepcional, y padre de dos niñas increíbles, Carmen de la Paz y Victoria.

Siempre que puedo, enseño y hago música a través del clarinete y la dirección en bandas de música y ensembles. Y en cuanto puedo, disfruto con los míos en la naturaleza, en una reunión familiar, o en un Domingo de Ramos de mucho calor, si no es mucho pedir.

El superior a los dieciséis

G.P.Dice tu biografía que sacaste el superior de clarinete con dieciséis años. ¿Es así? ¿Cómo se vive eso a esa edad?

J.M.En efecto, finalicé a esa edad mis estudios superiores de clarinete, de la mano del catedrático José María Puyana, en el Conservatorio Superior de Málaga, en el que hice toda la carrera.

Como vivencia, creo hoy, con la perspectiva que proporciona el tiempo, que fue una situación de aprendizaje que me inculcó perseverancia, disciplina y amor incondicional por la música.

También me arrebató muchas horas de sueño. Y de otras cosas.

G.P.¿Cuál fue la primera marcha que te puso el vello de punta, y por qué?

J.M.Aunque para mí «Soleá, dame la mano» es un must ineludible, fue «Virgen de Gracia», del maestro Artola, la marcha que tal vez marcó más mi niñez y adolescencia. Esta obra era un buque insignia de la banda en que me crié en aquellos años, la banda de los Colegios Miraflores y Gibraljaire.

Entonces el repertorio procesional en determinadas ciudades, como Málaga, seguía siendo un elemento identitario y tal vez no tan globalizado como hoy día.

El oficio que no se ve

G.P.¿Qué es lo que el público no sabe del trabajo de un director cuando ve pasar una banda?

J.M.En el contexto actual, lo que no se cristaliza a través de las redes sociales. Se ha hecho de ello un escaparate y en no pocas ocasiones solo visualizamos ese escaparate porque no hay nada más que mostrar ni demostrar.

Si la banda tiene 50 músicos, son 50 quebraderos de cabeza que tenemos en ese quid pro quo en el que ellos nos ofrecen lo más valioso que posee el ser humano: su tiempo.

Debemos volver a la filosofía que transmitían muchos antiguos maestros de banda.

Entonces, solo la Música ganaba seguidores. Lo demás sobraba.

Beigbeder, de cerca

G.P.Has dedicado años a Beigbeder. ¿Qué encontraste en él que no esperabas encontrar?

Debemos volver a la filosofía que transmitían muchos antiguos maestros de banda. Entonces, solo la Música ganaba seguidores. Lo demás sobraba.Jaime Merodio

J.M.Así es, la vida y obra de Germán Álvarez Beigbeder ha ocupado muchos años de investigación muy intensa. Además de un compositor gigante era un hombre, según me transmitieron sus hijos y en base a lo que sobre él pude averiguar, de firmes convicciones espirituales.

Conocía de antemano la maestría de sus obras, pero me sorprendió mucho el buen humor que se escondía tras su recia personalidad.

G.P.¿Sigue existiendo ese complejo de que la música procesional es un género menor?

J.M.Rotundamente no. A día de hoy genera un impacto que trasciende lo meramente funcional.

Además de los ejemplos que han superado el paso de los años, también hoy se escribe una formidable música procesional de la mano de no muchos compositores que reflejan la necesidad de seguir incidiendo en la creación bajo criterios de estándares artísticos de buena calidad entre tanto volumen de nueva factura.

Lo que se está dejando de tocar

G.P.Una obra del repertorio que esté injustamente olvidada.

J.M.Afortunadamente hoy hay una gran labor de investigación que atiende a la recuperación de obras que han caído en el olvido. Eso es una muy buena noticia.

Sin embargo, este año personalmente estoy echando mucho de menos escuchar al menos en un porcentaje testimonial, las marchas de toda la vida. Marchas que ante la avalancha de estrenos cada año pueden, de algún modo, terminar de nuevo en el cajón, pese a su sólida calidad.

La Clarinetería y lo que viene

G.P.¿En qué andas ahora y qué proyecto te queda pendiente?

J.M.Pues el proyecto que ocupa ahora mismo mis energías es estar lo más presente posible en mi familia, algo que no es siempre sencillo al residir esta en una ciudad diferente a la que trabajo.

También es para mí una inquietud muy fuerte focalizarme ahora en mi labor actual, como profesor en la Banda Municipal de Sevilla.

Además, me genera mucha ilusión el proyecto de «La Clarinetería», un coro de clarinetes que inició su actividad hace unos meses y que creo tiene un potencial tremendo con unos clarinetistas súper apañados. Respiran buen rollo y música a raudales.

De todas formas, creo que el emprendimiento es parte de mi vida. Ya sea como profesor de instituto, de conservatorio o en bandas, no descarto emprender más propuestas en un futuro.

Unas veces se gana... y otras se aprende.

G.P.¿Qué marcha te gustaría dirigir una vez en la vida y todavía no has dirigido?

J.M.Tengo mucha música en la lista. Y en el repertorio procesional es tal vez la marcha que ya he citado, «Virgen de Gracia», una obra que me apetece mucho trabajar, por aquello de cerrar el círculo.

Carta a un chaval de quince años

G.P.¿Qué le dirías a un chaval de quince años que está dudando entre dejar la banda o seguir?

J.M.«Es cierto. La banda te impide pasar más tiempo estudiando. O con los amigos que no están en la banda. Hazte un favor. Tráete tus amigos a la banda y le harás un favor también a ellos.

Hoy estáis en la banda de vuestro pueblo. Mañana, cuando estéis estudiando en otra ciudad, lo que la banda de vuestro pueblo os ha dado será la llave para conocer a 50 músicos de la banda de otra ciudad y para tener nuevas oportunidades de conocer gente en un sitio nuevo para vosotros. Si el problema son los estudios, ¿puedo ayudarte?».

Lo que está claro es que no podemos hablar con el chaval de 15 años sin dejar de hacer lo propio con el director y con el presidente de la banda: tenemos que trabajar duro y a una. Nadie dijo que fuera fácil.

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