Fotografía de archivo · Color by Navarrete · @historiacolor
La Semana Mayor
Farfán llevaba años sin escribir una marcha cuando en 1935 hizo esta, en Coria del Río, para banda y coro. No la dedicó a ninguna imagen sino a todas las hermandades de Sevilla, y la letra no la cantaban profesionales: la cantaba la gente.
- Compositor
- Manuel López Farfán
- Año
- 1935
- Dedicada a
- Todas las hermandades y archicofradías sevillanas
La Semana Mayor pertenece al último tramo de la obra de Manuel López Farfán (Sevilla, 1872 – San Juan de Aznalfarache, 1944). Llega tras varios años de silencio compositivo en el género y abre la serie final de tres marchas, todas escritas ya fuera del ámbito militar en el que había desarrollado la mayor parte de su carrera. Es una de las pocas obras del repertorio que incorpora coro, junto a El Dulce Nombre, La Esperanza de Triana e Impresión de Jueves Santo.
Su título completo es La Semana Mayor o Pasión y muerte de Jesús, y está escrita para banda de música y coro masculino. Farfán la compuso en 1935 en Coria del Río, después de más de un lustro sin escribir ninguna marcha procesional.
Para todas, no para una
En la portada de la partitura original no hay una imagen ni una hermandad. Hay una dedicatoria colectiva: a todas las Hermandades religiosas y Archicofradías sevillanas.
Eso la coloca en una categoría rara. La inmensa mayoría del repertorio nace de un encargo, una devoción concreta o una relación entre un compositor y una corporación. Esta no. Es una marcha sobre la Semana Santa entera, escrita por alguien que llevaba treinta años dentro de ella.
Los catálogos la clasifican como algo más que una marcha, y tiene sentido: por duración, por plantilla y por intención, se parece más a una obra de concierto que a una pieza para acompañar un paso.
La letra la canta el pueblo
Farfán había usado voces antes. En El Dulce Nombre, de 1925, escribió para tenor y coro profesionales, además de meter ocarinas. Aquí hace lo contrario: la letra de La Semana Mayor, como la de Pasan los Campanilleros, está pensada para que la cante la gente.
No es un detalle técnico. Es una decisión sobre quién produce el sonido. Una obra que exige voces profesionales solo puede sonar cuando alguien las contrata; una que canta el pueblo suena cuando hay pueblo.
Qué hay que escuchar
La percusión manda desde el principio. La introducción tiene varios solos de percusión, cosa poco habitual en el género, y de ahí arranca todo lo demás.
Y hay que estar atento al coro en la primera sección. La tesitura que Farfán escribió es amplia, y eso pone en apuros a voces no profesionales: en las grabaciones se notan problemas de afinación que no son un defecto de la banda, sino la consecuencia lógica de haber escrito para que cantara cualquiera.
El último tramo
Tras esta llegan solo dos marchas más: Impresión de Jueves Santo en Sevilla, de 1938, también para banda y coro, y El Cristo de la Salud, de 1939, dedicada a la hermandad del barrio de San Bernardo donde había nacido.
Con esa última cerró treinta y cinco años de escritura cofradiera. Murió en San Juan de Aznalfarache en 1944.