Manuel Marvizón en la calle Sierpes de Sevilla · Juan Carlos Vázquez
Madre Hiniesta
La escribió para su propio pregón un compositor que venía de la copla, la publicidad y la televisión, y que era hermano de la corporación. Fue su primera marcha. En menos de cuatro minutos cambió el sonido de los noventa.
- Compositor
- Manuel Marvizón Carvallo
- Año
- 1997
- Dedicada a
- María Santísima de la Hiniesta
- Hermandad
- Hermandad de la Hiniesta, Sevilla
Manuel Marvizón Carvallo llega a la música procesional desde fuera del sector: su trayectoria previa está en la canción popular, la publicidad y los medios audiovisuales. Madre Hiniesta, escrita para su propio pregón en 1997, es su primera marcha, y a partir de ella se convierte en uno de los compositores más interpretados de las dos décadas siguientes. Como una parte notable del repertorio histórico, sus marchas se componen e instrumentan por separado.
En 1997 Manuel Marvizón no era un compositor de marchas. Era un músico que escribía para Los del Río, para María del Monte y para Alejandro Sanz, y que trabajaba en televisión, publicidad y radio —suya es la sintonía que usa Carlos Herrera en su programa—.
Ese año le tocó dar el pregón en la Hermandad de la Hiniesta, a la que pertenece. Y para el pregón escribió una marcha.
Fue la primera que compuso. Detrás vendrían Estrella, Esperanza, Azul y Plata, Candelaria y muchas más.
Quién la instrumentó
En la ficha del catálogo, junto al nombre de Marvizón, aparece otro: Juan José Puntas Fernández, instrumentador.
Componer una marcha y orquestarla son dos trabajos distintos. Uno escribe los temas, la armonía y la forma; el otro decide qué toca cada instrumento, cómo suena el conjunto y qué se oye en cada momento. En una banda de música, buena parte de lo que el público identifica como el carácter de una marcha se decide en el segundo trabajo.
No es una excepción ni una rareza moderna. Manuel Font de Anta no instrumentó sus marchas. Antonio Pantión tampoco: su Jesús de las Penas, de 1943, la instrumentó su compañero José Olmedo. Los dos están en este fichero, y a ninguno se le discute.
Aquí procuramos decirlo siempre que conste. Igual que el crédito del fotógrafo.
La Hiniesta, dos veces
En 1925 Manuel López Farfán escribió La Estrella Sublime y la dedicó, según se lee en la partitura original, a la hermandad del Domingo de Ramos. Aquel Domingo de Ramos la banda del Soria 9 la estrenó con acompañamiento de violines.
Setenta y dos años después, otro hermano de la misma corporación escribe otra marcha para la misma Virgen. Entre una y otra hay dos guerras, un cambio de siglo y una manera completamente distinta de entender el oficio: Farfán venía del cuartel; Marvizón, del estudio de grabación.
Corta
Tres minutos y cincuenta y cuatro segundos. Es la marcha más breve de este fichero, casi la mitad que La Madrugá.
Eso no es un dato menor: en una época en la que el repertorio tendía a alargarse, escribir una marcha que cabe en una chicotá y no pide indulgencia al oyente es una decisión de oficio. Diecinueve grabaciones catalogadas dan idea de que funcionó.