Fotografía de archivo
¡¡Macarena!!
Un músico de Toledo que dirigía la banda de Jaén regaló en 1943 una marcha a una hermandad de Sevilla con la que no tenía vínculo alguno. Meses después murió al caer de un balcón, minutos antes de dirigir un concierto con su hermano.
- Compositor
- Emilio Cebrián Ruiz
- Año
- 1943
- Dedicada a
- Esperanza Macarena
- Hermandad
- Hermandad de la Macarena, Sevilla
Emilio Cebrián Ruiz (Toledo, 1900 – Llíria, Valencia, 1943) fue clarinetista, director y compositor, con cerca de un centenar de obras catalogadas. Dirigió la Banda Municipal de Jaén desde 1932 y es autor de los himnos de Toledo, Jaén y Baeza y del pasodoble Churumbelerías. Su marcha más difundida es Nuestro Padre Jesús (1935), dedicada al Cristo jiennense del Abuelo, en cuyo trío final incorporó un fragmento del Himno a Jaén que él mismo había escrito tres años antes.
Emilio Cebrián Ruiz no era sevillano ni tenía vínculo con la hermandad. Era de Toledo, dirigía desde 1932 la Banda Municipal de Jaén y había escrito los himnos de Toledo, Jaén y Baeza. Sevilla le atraía desde fuera, y esa atracción acabó en dos regalos: la pieza de guitarra Recuerdo a Sevilla, que estrenó Niño Ricardo, y esta marcha.
Cuarenta años sin nadie
El dato es más raro de lo que parece. Después de que Farfán dedicara Spes Nostra a la Esperanza Macarena en 1904, y salvo una marcha sin fechar de A. Monsalves probablemente de los años diez, no consta ninguna otra obra procesional dedicada a la Macarena hasta esta.
En pleno auge compositivo del primer tercio de siglo, con Farfán, Font de Anta, Beigbeder y Pantión escribiendo sin parar, la titular más popular de Sevilla estuvo casi cuarenta años sin marcha nueva. La rompió alguien de fuera.
El manuscrito original se conserva en el archivo de la Banda Municipal de Jaén.
Cómo está hecha
Cebrián sigue el esquema que había fijado Farfán: introducción, primer tema, fuerte de bajos y trío final. Sin cornetas.
Lo hace con una diferencia de oficio que se nota. Cebrián venía del clarinete, había sido subdirector de la orquesta del Teatro Rojas con veinte años y llevaba una carrera de música sinfónica y de concierto a las espaldas. La marcha está escrita con esa mano.
Hay un detalle que conviene mirar antes de escuchar: el catálogo recoge treinta y tres grabaciones, y las duraciones van de los 3:10 de la Cruz Roja de Cartagena en 1962 a los 4:52 de la Unión Musical Torrevejense en 1982. Un minuto y tres cuartos de diferencia sobre una obra de cuatro minutos y medio. No es la misma marcha a dos velocidades: es una discusión de casi un siglo sobre cómo hay que tocarla.
El 3 de octubre de 1943
Ese día Cebrián estaba en Llíria, en Valencia. Iba a dirigir la Banda Primitiva, la de su hermano Francisco, a quien nunca había visto actuar profesionalmente. En el programa estaban Una noche en Granada y Churumbelerías, dos de sus obras más celebradas.
Poco antes de salir a escena se asomó a una puerta-balcón que no tenía balaustrada y cayó al vacío. Tenía cuarenta y tres años. El concierto no llegó a celebrarse.
De 1943 son también Jesús Preso, dedicada a la Vera Cruz de Jaén, y esta.
Un aviso sobre el nombre
Hay más de una marcha llamada Macarena en el repertorio. Cuando alguien dice «la Macarena» hoy, es probable que se refiera a otra. Esta es la de Cebrián, de 1943, y va con dobles signos de admiración en el catálogo.