«Las composiciones que no aporten algo nuevo y de calidad, que aparten»
Empezó con nueve años en la banda de Carboneras... de Sorbas, con la que tocó en la madrugá de Málaga y en la basílica de la Macarena. Después pasó diez años en Canal Sur contando bandas los domingos por la mañana. Estuvo quince años sin escribir una nota, hasta que volvió a su pueblo a echarle una mano a un chiquillo con el trombón.
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Álvaro Ceregido (Carboneras, Almería) es periodista. Aprendió solfeo, trombón de varas y bombardino en la banda de su pueblo, y de adolescente pasó a la Banda Santa Cecilia de Sorbas. Trabajó diez años en Canal Sur Radio, donde llevó «Vive la Banda», media hora dedicada cada domingo a una banda andaluza. En diciembre de 2018 recibió el premio Periodista Andaluz Solidario. Es autor, entre otras, de «En tu cruz», «El dulce Nazareno», el Himno de Carboneras, «Armaos de Esperanza», «Crucificado con Honor», «María de los Ángeles» y «Zalamelé».
G.P.Para quien no te conozca todavía: ¿quién es Álvaro Ceregido?
Á.C.Soy un periodista de Carboneras (Almería), enamorado de la radio y que siempre he tenido una afición muy grande por las bandas de música, la cual aprendí de la mano de mi abuelo Manuel, ya que él fue músico saxofonista aficionado de la banda de mi pueblo durante la posguerra.
G.P.Empezaste con nueve años en la banda de Carboneras y de adolescente te fuiste a la de Sorbas. ¿Qué tenía Sorbas que no tuviera la de tu pueblo?
Á.C.En la banda de Carboneras, siendo un niño y gracias a su director de la época, Juan Antonio Oliva, aprendí solfeo y a tocar el trombón de varas y el bombardino, y también empecé a componer piezas para banda de manera autodidacta. En Sorbas, ya de adolescente, encontré una nueva familia musical con la que viví la banda de música desde otra dimensión más amplia, recorriendo con la banda Santa Cecilia de Sorbas las principales ciudades de Andalucía en Semana Santa y los principales teatros andaluces durante el resto del año.
Los años dorados de Sorbas
G.P.Hablas de los años dorados de Sorbas: el Miércoles Santo con los Gitanos de Jerez, la madrugá de Málaga, Las Viñas, dos veces en la basílica de la Macarena. ¿Qué se le queda dentro a un chaval de un pueblo de Almería después de noches así?
Á.C.Tocar varios años tras el Nazareno del Paso de Málaga en la madrugá, o tras dos palios de Jerez del Miércoles y Viernes Santo, o interpretar dos conciertos en la basílica de la Macarena, así como también tocar un concierto en el Gran Teatro de Córdoba con la banda de Sorbas, entre tantas otras actuaciones, son experiencias que quedan para siempre tatuadas en la mente de un músico aficionado adolescente. Son precisamente actuaciones que requieren un altísimo compromiso por parte de todos los músicos de la banda, además de una capacidad de concentración y de una fuerte entrega para hacerlo lo mejor posible. Con el paso de los años uno se da cuenta de que esos valores que se interiorizan en las bandas de música te ayudan para que se abran puertas laborales y de todo tipo. Una banda de música como la de Sorbas es, sobre todo, una cantera de personas buenas y responsables con valores que, por desgracia, ya se están perdiendo en la sociedad.
G.P.Grabasteis dos discos, y para el segundo los músicos votaron entre varios títulos y eligieron «En tu cruz», una marcha fúnebre que tú habías escrito con doce o trece años. Ni te lo dijeron. ¿Cómo te enteraste, y qué sabe un crío de esa edad de escribir algo así?
Á.C.Cuando los músicos de la banda de Sorbas votaron que el título del disco fuera el de mi marcha fúnebre «En tu cruz» sentí un cariño y un reconocimiento personal que todavía, a día de hoy, tantos años después, me siguen emocionando. Aquel gesto, visto con la perspectiva del paso del tiempo, me reafirma en el convencimiento de que no hay mejor lugar para cuidar el desarrollo integral de un adolescente como una banda de música. La banda es el lugar donde aprendes a compartir, a trabajar en equipo y a dar lo mejor de ti y, a su vez, es un lugar donde se premia el trabajo, el esfuerzo, el talento y el compromiso. Esa enseñanza que te brinda la banda queda para siempre como una lección vital que se extrapola para el resto de tu vida adulta.
G.P.Cuentas que «El dulce Nazareno» nació en un autobús, en una madrugá de Málaga que llovió, cuando el presidente de la banda te preguntó si te atreverías. ¿Dijiste que sí ahí mismo o tardaste?
Á.C.Al presidente de la banda de Sorbas en aquellos años, Simón Barranco, le dije que sí en ese mismo momento. No podía decirle que no a quien tanto me había valorado desde que llegué a la banda y a quien tanto había confiado en mí. Y es que Simón no era solo el presidente de aquel grupo humano, sino que era también una especie de segundo padre para todos aquellos jóvenes que remábamos en la misma dirección, entre otras cosas, motivados por el propio Simón, para llevar el banderín de la banda de Sorbas por toda Andalucía ofreciendo lo mejor de nosotros.
Vive la Banda
G.P.Diez años en Canal Sur Radio y con mucha gente distinta. ¿Por qué es «Vive la Banda» lo que mejor recuerdas de todos esos años?
Á.C.En Canal Sur Radio tuve la suerte de trabajar con locutores que escuchaba desde niño en mi transistor a pilas. Sentarme a locutar al lado de Jesús Vigorra, Mariló Maldonado o El Yuyu era como vivir un sueño. Y la sección «Vive la Banda» fue una ventana radiofónica que se abrió en la radio pública andaluza para darle voz a los protagonistas de las bandas de música de toda Andalucía. Tuvimos la suerte de escuchar las historias personales de superación, las vivencias y las anécdotas curiosas y graciosas de centenares de músicos de las ocho provincias. El «Vive la Banda» nos permitió poner la lupa muy de cerca sobre la inmensa labor humana y musical que hay en las bandas de nuestros pueblos y de los barrios de nuestras ciudades. Aquel espacio de radio me dio, además, una bonita amistad con decenas de músicos que hoy en día, casi diez años después, aún conservo.
G.P.Media hora los domingos a las diez, cada semana una banda de Andalucía. ¿De dónde salían las historias? Dices que descubriste una calidad humana impresionante hasta en el pueblo más pequeño.
Á.C.Las bandas de música son el germen de verdaderos talentos. Hay niñas y niños andaluces que empiezan tocando en la banda de su pueblo y acaban siendo solistas de las grandes orquestas del mundo. Sin personalizar en ningún músico en concreto, lo cierto es que en el «Vive la Banda» nos emocionábamos mucho descubriendo cómo una banda de pueblo puede ser la cuna de talentos musicales que acaban siendo referentes de su instrumento a nivel internacional. Por eso es tan importante la figura del maestro de música de la banda, y por eso son tan importantes los valores que se aprenden compartiendo atril con personas tan variopintas en la banda de tu pueblo o de tu barrio, porque ese aprendizaje conforma unos cimientos sólidos para luego, ya de adultos, y tras años de estudio, postularse como profesionales de la música de primer nivel en cualquier lugar del mundo.
G.P.El programa acabó conectando bandas entre sí, gente que se escuchaba los domingos mientras paseaba al perro. ¿Eras consciente entonces de lo que estabas montando?
Á.C.El «Vive la Banda», casi sin quererlo, sirvió para que los músicos de muchísimas bandas conocieran la realidad y los desvelos de otras formaciones musicales de su propia provincia, o de otras zonas de Andalucía. Al final, el «Vive la Banda» era una cita obligada durante los 52 domingos del año para estar al tanto de la actualidad de nuestras bandas de música: sus actuaciones más importantes, sus repertorios, sus vivencias más emocionantes y sus anécdotas desternillantes. Personal y profesionalmente, creo que es una de las labores, como locutor de radio, más enriquecedora que he hecho en mi vida.
G.P.En diciembre de 2018 te dieron el premio Periodista Andaluz Solidario, y quienes te lo daban eran cientos de trasplantados. ¿Qué habías hecho para merecerlo?
Á.C.Fue uno de los momentos más emotivos que he vivido, tanto a nivel personal como profesional. Recibí en Sevilla el reconocimiento de centenares de trasplantados de órganos de Andalucía por el hecho de llevar a la radio a varios trasplantados que además eran músicos en la banda de su pueblo. Pude contribuir así a la difusión, a través de la radio pública, de la importancia de la concienciación sobre la donación de órganos. Como diría el doctor Pérez Bernal, donar órganos es dar la oportunidad de una nueva vida cuando otra vida ya se ha apagado.
Sevilla, por dentro
G.P.Viviste diez años en Sevilla y conociste sus bandas de cerca. ¿Cómo ves desde dentro el mundo de las contrataciones?
Á.C.Aunque viví una década en Sevilla y tuve la suerte de conocer en persona a sus bandas y a sus músicos, la dinámica cofradiera de contrataciones de bandas nunca fue algo de mi interés. Sí puedo decir que tanto Sevilla capital como su provincia tienen un nivel musical altísimo. La afición por las bandas de música, bandas de cornetas y tambores, y agrupaciones musicales que hay en Sevilla y en su provincia es admirable. Lo mismo sucede en las ocho provincias andaluzas. Lo que también es cierto es que Sevilla cuenta con bandas como la del Maestro Tejera o El Carmen de Salteras, por decir una de la capital y otra de la provincia, que son referentes nacionales a nivel cofrade. Por eso, aunque haya cambio de bandas entre cofradías, el nivel que ofrecen todas las bandas sevillanas es sobresaliente.
G.P.Un director gaditano nos decía hace poco que en Sevilla prefieren contar con formaciones de Sevilla aunque las de fuera suenen igual o mejor. Tú has visto muchas orillas. ¿Le das la razón?
Á.C.En general, el sevillano cuida mucho todo lo que lleve el sello musical propio de su tierra, y hacen muy bien. Lo que no quita que en Sevilla se sepa reconocer el talento musical de formaciones de otras provincias andaluzas y españolas. Si algo ha tenido históricamente Sevilla son las puertas abiertas para el talento musical y artístico de cualquier parte del mundo. Como dijo Jesús Quintero, Sevilla siempre fue una Babilonia festiva. Y lo seguirá siendo. Por tanto, si hay una formación de fuera de Sevilla que puede aportar algo nuevo y mejor, no quepa la menor duda de que en Sevilla se le va a abrir la puerta y se le va a dar la oportunidad.
G.P.¿Qué ha cambiado en las bandas desde que tú las contabas en la radio hasta hoy? Dinos una cosa que haya mejorado y otra que se haya estropeado.
Á.C.Gracias a las escuelas de música de las propias bandas, y gracias también a la red de conservatorios que vertebran toda la geografía andaluza, año tras año el nivel musical de nuestras formaciones es cada vez más alto y refinado. En ese sentido, hay una evolución muy grande que ha hecho mejorar exponencialmente la sonoridad de nuestras bandas en las últimas dos décadas. En cuanto a los posibles aspectos a implementar, quizás se podrían dar todavía muchos pasos para hacer más grande el movimiento asociativo entre las bandas de música, tanto dentro de la misma provincia como interprovincial a nivel andaluz y español.
G.P.Hoy se estrenan varias marchas en una misma semana y una banda tiene cien mil reproducciones en dos días. ¿Eso ha enriquecido el repertorio o lo ha llenado de ruido?
Á.C.Tengo el firme convencimiento de que hay una lista de marchas de procesión, pasodobles, selecciones de zarzuela o de obras de concierto que son históricas y que por su calidad siempre tienen que estar en el archivo de una banda de música listas para ser interpretadas. Y también creo que para que una nueva marcha de procesión se incluya en una lista donde ya está «Mater Mea» de Ricardo Dorado, o «Mektub» de Mariano San Miguel, la nueva composición en cuestión tiene que tener un nivel tal que no desentone estrepitosamente con obras de arte como estas. Por tanto, las nuevas composiciones que no aporten algo nuevo y de calidad sobre las maravillas que ya hay escritas, que aparten.
La vuelta al pentagrama
G.P.Pasaron quince años entre «El dulce Nazareno» y las marchas de 2024, y dabas esa etapa por cerrada. Vuelves a tu tierra, el director de Carboneras te pide que ayudes a un chiquillo con el trombón en los ensayos, y de ahí te vuelve el gusanillo. ¿En qué momento te diste cuenta de que estabas escribiendo otra vez?
Á.C.El año pasado, tras veinte años, volví a tocar en la banda de mi pueblo, Carboneras. El director me pidió que fuera a algunos ensayos para echar una mano a un chiquillo que estaba empezando con el trombón. Y, casi sin quererlo, se me volvieron a despertar las ganas de escribir música, de enfrentarme al pentagrama en blanco. Lo último que había escrito fue, precisamente, el Himno de Carboneras, años atrás. Así que aproveché esas ganas que me entraron de escribir música para publicar, entre otras, «Armaos de Esperanza», dedicada a la Macarena sevillana, y para escribir «Crucificado con Honor», que dediqué al Cristo de la Expiración de Málaga, ya que quería regalarle una marcha al otro cristo que había esculpido el insigne Mariano Benlliure, puesto que a su otra obra, el Nazareno del Paso, ya le dediqué años atrás mi marcha «El dulce Nazareno».
G.P.«Armaos de Esperanza» la tenías medio escrita desde tus años en Sevilla. ¿Por qué se queda una marcha quince años en un cajón?
Á.C.«Armaos de Esperanza» es el resultado de caminar emocionado entre el gentío tras el palio de la Esperanza Macarena cada madrugá durante los diez años que estuve viviendo y trabajando en Sevilla. El año pasado, tras un lustro fuera de Sevilla, me animé a publicarla y a entregársela a la hermandad. Tras muchos años sin componer nada, al final me atreví a instrumentar las melodías que me inspiró la Macarena en esos momentos de introspección personal, de tantas peticiones y de tanto que agradecer a la Esperanza tras su palio.
G.P.«María de los Ángeles» une a la hermandad de los Ángeles de Sevilla con la de Almería, y en tu casa esa devoción viene de familia. ¿Cuánto hay de encargo y cuánto de tu madre en esa marcha?
Á.C.Cuando vivía en Sevilla, mi madre y mi padre se venían el Jueves Santo a Sevilla desde Almería para acompañar a la Virgen de los Ángeles de los Negritos y luego, tras recogerse el palio, íbamos caminando por la Resolana para ver la salida de la Macarena, a la que seguíamos hasta la Alameda. Ya de amanecida, íbamos de nuevo en busca de la Macarena por la plaza del Salvador y por la calle Cuna. Los Ángeles, la Macarena y la Angustias de los Gitanos son las tres devociones sevillanas de mi madre porque, además, yo vivía en la calle Gallos, muy cerca de esas tres cofradías. Pasados los años, un compañero de trabajo, exhermano mayor de la cofradía de los Ángeles de Almería, me pidió una marcha de procesión que uniera en una pieza musical la vinculación que existe entre la cofradía sevillana y su homónima almeriense. Fue ahí cuando pensé que esa misma vinculación entre Almería y Sevilla le sucedía desde la devoción a mi madre, que además se llama Ángeles. De ese cúmulo de causalidades, no casualidades, nació «María de los Ángeles», que, por cierto, estrenó la banda de Sorbas, que es la banda que toca tras el palio de los Ángeles en Almería. A veces, sin quererlo, se cierran círculos. Estas son las maravillosas sincronías que se dan de vez en cuando en la vida.
G.P.Lo último que has escrito es una marcha de moros y cristianos para la gente de Carboneras, sobre una relación teatral que dices que no existe en ningún otro sitio de España. Cuéntanoslo, que esto no lo sabe casi nadie.
Á.C.La llamada Relación de Moros y Cristianos de Carboneras es una representación teatralizada única. Es un texto que se representa en el entorno del castillo todos los 13 de junio, festividad de San Antonio, patrón de mi pueblo, Carboneras. En esa puesta en escena participan centenares de hombres y mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, de Carboneras. Y la banda de Carboneras interpreta ahí música festera levantina, es decir, pasodobles festeros, y también marchas moras y marchas cristianas. Casi todas esas composiciones son de autores levantinos, especialmente alicantinos y valencianos. Por eso quise escribir una marcha de moros y cristianos, a la que titulé «Zalamelé» —porque es una de las expresiones que se usan en dicha representación teatral—, para que las fiestas de mi pueblo tuvieran su propia banda sonora. Y se la dediqué a todas las personas de Carboneras que durante más de cien años han contribuido a mantener viva esa bonita tradición de mi pueblo.
G.P.Has escrito marchas a lo largo de veinte años. ¿Por qué crees que una se queda en el repertorio y otra se deja de tocar? ¿Se sabe cuando la estás escribiendo?
Á.C.Cuando compongo una pieza musical, siempre trato de encontrar un equilibrio entre intentar aportar algo novedoso mientras quiero provocar una emoción en el público. Estoy convencido de que la música es un arma poderosísima para hacer fluctuar nuestro estado de ánimo. Como autor, humildemente trato de que mi música emocione mientras formalmente está instrumentada del modo más profesional posible. Que mi composición se toque o que acabe en un cajón suele depender de tantos factores exógenos que nunca gasto energía en tratar de manipular eso. He tenido experiencias de todos los colores en ese sentido. Por ejemplo, cuando tenía quince años, la Banda Sinfónica Municipal de Madrid estrenó en la capital de España mi pasodoble «Manuel El Motorista», dedicado a mi abuelo. Ese fue uno de los éxitos más importantes de mi vida a nivel personal. Por otra parte, también he escrito obras que se han estrenado y luego no se han vuelto a tocar. Por eso creo que en la vida a veces se gana y otras veces se aprende.
G.P.¿Y una marcha? ¿Cuál te sigue poniendo de pie después de todo esto?
Á.C.La marcha entre las marchas, para mí, es «Mektub», de Mariano San Miguel. Creo que tiene todo lo que una buena obra musical debe tener. Armónicamente es una joya. Desde el punto de vista de la instrumentación es magnífica. Las melodías te transportan por diferentes estados de ánimo a través de los diversos pasajes de la obra. Estructuralmente es redonda. Y como diría el maestro Enrique García Asensio, desde el punto de vista de la fenomenología musical es una pieza soberbia.