«Las polémicas no las crean los medios: las crean los cofrades en redes»
Curro Bono estrena esta noche la quinta temporada de «Al Cielo» en 101TV. En la primera parte de esta entrevista habla de cómo llegó a la televisión, del sitio que le da a la música en su programa, de lo que pasó en redes con la Trinidad y de dónde está la línea entre informar y echar leña.
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Curro Bono Borrero es periodista y presenta «Al Cielo», el programa cofrade de 101TV, que estrena su quinta temporada el 23 de septiembre de 2026 a las 21:30. Antes fundó, con compañeros de la facultad, un medio cofrade digital que llegó a los 300.000 seguidores en redes, y presentó «A Pulso», un programa de una temporada y unas veinticinco entregas. Es hermano de la Asunción de Cantillana y de la Esperanza de Triana.
G.P.Para quien no te siga: ¿cómo acabaste presentando un programa cofrade en 101TV?
C.B.Terminé presentando «Al Cielo» en 101TV porque, como estudiante de Periodismo, unos años antes decidí emprender y crear un medio de comunicación digital dedicado al mundo cofrade. Lo hicimos junto a otros compañeros de la universidad, llegó a los 300.000 seguidores en redes y decidimos hacer un programa. Pensábamos que las redes se nos habían quedado pequeñas, y yo además quería saciar un poco el gusanillo de la televisión, que era mi verdadero sueño.
Así nació «A Pulso». Fue una temporada, unos veinticinco programas, y la verdad es que funcionaron muy bien. De ahí salieron entrevistas como las de Antonio Santiago, Víctor García-Rayo, Maruja Vilches o Fran López de Paz. Justo cuando hicimos el último, nos enteramos de que llegaba a Sevilla una televisión que buscaba contenido, buscaba programas. Después de varias reuniones llegamos a un acuerdo, y ahí empezó la andadura en 101TV.
Fue una apuesta arriesgada, valiente, pero con el tiempo se ha visto que ha funcionado. Ese es el único y principal motivo: la valentía de emprender, de hacer algo que gustara. Eso fue lo que nos llevó a la tele.
G.P.¿Qué ha cambiado en la información cofrade desde que tú empezaste?
C.B.Lo que he vivido desde que empecé a contar la actualidad es el cambio al formato vertical. Es decir, la conquista total del mundo audiovisual sobre el escrito, sobre la página web.
Recuerdo una anécdota de cuando estábamos en «A Pulso». Subíamos vídeos horizontales, porque los verticales todavía no estaban de moda, y llegó un momento en que no teníamos muchas visitas ni muchas reproducciones. Nos dimos cuenta de que era por eso: los que tenían difusión y repercusión eran los verticales. Ha sido fundamental, porque lo ha cambiado todo. El vídeo vertical se ha convertido en la primera potencia de consumo de información y de entretenimiento, y todo se ha tenido que adaptar a él.
A partir de ahí, sobre todo ya en «Al Cielo», empezamos con los reels, con los vídeos verticales del programa. Todo eso lo han copiado después el resto de medios, pero los primeros fuimos nosotros. Lo que ha cambiado es el soporte: ya no es horizontal, es vertical; ya no es una página web, es un vídeo.
El sitio de la música
G.P.La música y las bandas ocupan mucho menos espacio que la imaginería, el bordado o los pasos. ¿Por qué crees que pasa?
C.B.Efectivamente, la música ocupa mucho menos tiempo de programa que la imaginería, la historia o la teología. Y al menos mientras yo presente este programa, así seguirá siendo.
Y te lo dice quien creó en la televisión los debates de bandas, que no existían. Nosotros creamos el formato de debatir sobre marchas nuevas, estrenos, contratos perdidos y ganados, el nivel de las bandas en Semana Santa. Eso lo creamos nosotros. Pero no hacemos más de tres o cuatro programas al año sobre eso, de los cincuenta que se emiten. Y es así porque para nosotros la música no es un arte menor, pero evidentemente es un agente secundario, que está por debajo de la Pasión de Cristo, a la que este año hemos dedicado cerca de ocho programas, o de la imaginería, que al fin y al cabo es hablar de las imágenes sagradas. La música no es sagrada. Las imágenes sí son sagradas: están bendecidas, representan a Cristo y a la Virgen.
Es también una forma de hacer pedagogía, de enseñarle a la audiencia qué es lo principal, lo más importante, y qué es lo secundario y lo complementario. Es fundamental.
G.P.Da la sensación de que solo se habla de bandas cuando hay conflicto: un cambio, una salida, una polémica. ¿Lo ves así desde el programa?
C.B.Hay que entender, como decía antes, que la música es un arte secundario. Estamos hablando sobre todo de un agente complementario, un complemento, que nunca puede ser tomado ni entendido como el protagonista. El protagonismo se debe exclusivamente a Dios, al Santísimo, y por extensión a la representación de Cristo y de la Virgen María en las imágenes de la Semana Santa. Por eso creo que no es correcto estar hablando de bandas constantemente, porque eso les otorgaría implícitamente una jerarquía predominante, fundamental, en la Semana Santa.
De todas formas, yo creo que de bandas se habla bastante, y no solo de polémicas: por ejemplo, cuando se estrenan marchas nuevas. En el programa hablamos de ellas tres veces al año, muy marcadas. En septiembre, para comentar los cambios que haya habido, y lo mejor es que la mayoría de los cambios los hemos comentado para bien, casi todos. Luego en Cuaresma, para hablar de las marchas nuevas. Y después de Semana Santa.
Y la gente habla de bandas siempre y de todo: del solista que hace el solo, de los nuevos contratos y actuaciones, del nivel que han dado en cada actuación, de las marchas nuevas, de la relación entre los músicos. Es como en el fútbol, aunque a mí no me gusta compararlo: de un equipo no se habla solo cuando pierde, también cuando gana. Con las bandas pasa igual. De las bandas se habla constantemente.
La línea roja
G.P.Con lo del Sagrado Decreto de la Trinidad has visto la reacción de cerca. ¿Qué te ha parecido lo que ha pasado en redes?
C.B.Con el cambio de banda en la Trinidad se ha cruzado una línea roja muy peligrosa, materializada en unas críticas apocalípticas, exageradas e hiperbólicas por sustituir una banda por otra. Que es una banda, señores. Que es una banda.
Se ha demostrado que para muchos lo único que les importaba de la hermandad de la Trinidad era la banda que acompañaba al primero de los pasos. Y los que han criticado e insultado a la junta de gobierno fueron los mismos que, cuando se enteraron de que Las Cigarreras no iban a tocar en el interior del atrio, abandonaron las inmediaciones de la basílica para irse a la Ronda a escuchar las últimas marchas de la banda. De alguna forma han reclamado esa desbandada que hubo en la entrada de la Trinidad, como la hay en el Baratillo con San Gonzalo o con los Panaderos en El Salvador.
Me parece grave porque es la primera vez que se manifiesta públicamente que, para un sector concreto del mundo cofrade, lo único que le importaba de la hermandad de la Trinidad era la banda. Lo único. Y esa línea roja es muy grave: se han publicado insultos, se han publicado amenazas, y sobre todo hay un interés desproporcionado y una crítica que dejan ver que lo único que les importaba era la banda. Que solo te importe una banda, con todo lo que es una cofradía, es grave, y dice mucho de la Semana Santa que estamos creando: una Semana Santa superficial, banal, absurda, totalmente incoherente con lo que se celebra.
La hermandad de la Trinidad tiene más de cuatro siglos de historia y ha cambiado hasta de imagen. ¿Cómo no va a cambiar de banda? Te puede gustar más o menos la decisión, pero, como te he dicho, se está volviendo algo común: cada vez que hay un cambio de banda hay insultos de por medio, y se está cruzando esa línea roja que nos lleva al hooliganismo y al radicalismo total.
G.P.¿Qué responsabilidad tienen los medios cofrades cuando amplifican una polémica así? ¿Dónde está la línea entre informar y echar leña?
C.B.No tengo dudas: las polémicas no las crean los medios, ni las hermandades, ni otras instituciones. Las crean los cofrades en redes sociales, que son los únicos responsables. Una hermandad o una institución no crea una polémica por adoptar una decisión que ellos entienden que es buena para la hermandad. Las decisiones de las hermandades son noticia, y es quien recibe esa noticia el que la convierte en polémica, a base de críticas, faltas de respeto, actitudes peyorativas, insultos y menosprecio, y dándole a una decisión una dimensión que no tiene. Los cofrades en redes son los primeros en reaccionar, en criticar y en alabar, antes que los medios.
Es verdad que hay excepciones. La restauración de la Macarena es una polémica que crea la hermandad, por ejemplo, igual que las elecciones y las candidaturas. Pero en muchos casos las polémicas las crean los propios cofrades.
En cuanto a los medios, la responsabilidad es en primer lugar de la hermandad, por la decisión que toma, y nunca se puede culpar al mensajero, porque eso es de cobardes. En todo caso, también de los cofrades, por los comentarios que vierten, muchos desde cuentas anónimas. El trabajo de un medio, como empresa de información y como servicio público, es informar de todo lo que sea noticia. El medio está obligado a informar. El periodismo tiene que contar la realidad, ser un espejo, y si deformas esa realidad, si la maquillas, si la embelleces, si la coloreas, estás haciendo relaciones públicas y no periodismo.
Los medios amplifican, naturalmente, porque tienen muchos seguidores y mucha repercusión, y esa responsabilidad existe. Pero estamos muy confundidos con lo de echar leña. Describir la realidad no es echar leña: es hacer tu trabajo, cumplir la función principal de un medio, que es informar. Echar leña es contar lo secundario, lo banal, lo superfluo, lo privado que no se ha hecho público. Que se cambia de banda porque el director y el hermano mayor no se llevan bien, porque ha habido una pelea, un impago o una deuda, o porque se había pactado algo a cambio de votos, o el ejemplo de una banda que se ofrece gratis a una hermandad. Todo eso ha pasado en la Semana Santa de Sevilla, y todas esas cosas privadas no las solemos contar. Ni de las bandas, a las que ya le estamos dedicando demasiado tiempo en esta entrevista, ni de tantos otros temas.
Esa es la línea entre informar y echar leña. Informar es contar todo lo que se ha hecho público. Echar leña es contar sucesos, informaciones y actitudes privadas. Yo creo que está más que claro.
G.P.¿Has recibido alguna vez presiones de una hermandad, una banda o un anunciante por algo que ibas a contar?
C.B.No es habitual. Directamente no he recibido muchas presiones, pero hay muchas presiones implícitas: «Si cuentas esto, te cierro las puertas, no te cuento nada más y no voy a tu programa». Esa es la verdadera presión. No es, como pensáis todos, una llamada de atención. La verdadera presión es implícita, indirecta, e incluso forma parte de una relación de confianza, que es lo normal y lo natural: como cuentes lo que te he dicho en privado, off the record, corto relaciones contigo, no voy a tu programa y no te vuelvo a atender. Es una forma indirecta de presionar.
Pero es verdad que suelen respetar mucho mi trabajo, porque normalmente la institución, la banda, el capataz o la hermandad no sabe lo que voy a sacar. Y como además intento tener los mínimos amigos en las cofradías, para no verme en esa tesitura, tengo cierta libertad. Alguna vez son personas de tu confianza que abusan de ella, que te piden un favor o intentan frenarte, y a esas intento pararlas en seco. Y muchas veces son las propias fuentes las que tienen miedo de que, si lo sacas, se sepa que te lo han contado ellas.
También te digo que nosotros no solemos publicar muchas exclusivas ni noticias inéditas, porque no es nuestro estilo. Intentamos respetar que sean las hermandades las que distribuyen su información, y además la información no es lo principal para nosotros. Sobre todo divulgamos el arte y entretenemos con la sección de «Los cuñados», y aparte están las entrevistas. Pero no somos, por ejemplo, El Llamador o ABC, que lo hacen muy bien. Ese no es nuestro fuerte, y tampoco nos centramos en eso.
Lo que le gustaría contar
G.P.¿Qué noticia te gustaría dar y todavía no has podido?
C.B.La noticia que me encantaría dar es la presencia de la Asunción de Cantillana en Sevilla, por un motivo especial, extraordinario y justificado, y que procesionara por la capital hispalense. Que estuviera en la Catedral, en la Magdalena, en San Juan de la Palma, cerca del convento de la calle Regina, donde estuvo en sus inicios en Sevilla, o en El Salvador, y que saliera en procesión por la ciudad. Es posiblemente el sueño que tengo y lo que más me gustaría contar.
Además, no es algo tan extraño. La Virgen de Setefilla, de Consolación o la de Valme han estado aquí, e incluso la Virgen de los Dolores de Camas, que se coronó en Sevilla. A mí me encantaría verla aquí, porque la imagen tiene un origen sevillano: seguramente la hizo un escultor sevillano, y durante muchos años de su historia estuvo en Sevilla. Y como sevillano, peco de egoísmo: me encantaría tenerla unos días en esta ciudad.
La segunda parte de esta entrevista, en la que Curro Bono habla de Cantillana, de la Plegaria y de su 15 de agosto, se publica próximamente.